Primer debate presidencial: emboscar al puntero; luego, ¿Meade o Anaya?

El debate es un momento privilegiado, ya que un voto, entre más informado, es más libre y autónomo: Lorenzo Córdova Vianello

El próximo 22 de abril a las ocho de la noche los mexicanos verán por primera vez un debate que recoge su opinión a través de estudios, encuestas y sondeos: Benito Nacif

(Instituto Nacional Electoral. Central Electoral, no. 177, 6 de abril de 2018)

 

Este domingo 22 de abril, en el Palacio de Minería de la Ciudad de México, se llevará a cabo el primero de tres debates entre cinco candidatos a la presidencia de la República para el período 2018-2024. El personaje a vencer es Andrés Manuel López Obrador (AMLO), abanderado de la coalición Juntos Haremos Historia, integrada por los partidos Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), Encuentro Social (PES), y del Trabajo (PT).

La encuesta más reciente sobre las preferencias de la gente para otorgar su voto, publicada por el periódico Reforma, revela que López Obrador mantiene una cómoda ventaja. Lejos, muy lejos de él se ubica Ricardo Anaya Cortés, candidato de la coalición Por México al Frente, integrada por los partidos Acción Nacional (PAN), de la Revolución Democrática (PRD), y Movimiento Ciudadano (MC). Y aún más lejos, José Antonio Meade Kuribreña, candidato de la coalición Todos por México, de los partidos Revolucionario Institucional (PRI), Verde Ecologista de México (PVEM), y Nueva Alianza (Panal).

Es por eso que, mientras AMLO actúa como jefe de Estado, planteando en sus recorridos por el territorio nacional rutas a seguir para iniciar los cambios necesarios para sacar adelante al país, los demás contendientes parecen tener un propósito común: criticar, refunfuñar, y descarrilar el avance firme del puntero. Pero poco o nada original han dicho durante los días de la campaña. De hecho, cuando algo han manifestado, pronto se demuestra que es una mala copia de lo ya dicho por López Obrador. Por caso las “propuestas” que hoy escuchamos de ellos, como bajar el IVA en la frontera, bajar el ISR, revisar la Reforma Educativa, dialogar con los maestros de la CNTE y el SNTE, quitar el fuero a los presidentes, etcétera, fueron expresadas por el morenista con mucha antelación. De ahí que entre buen número de analistas exista una manifiesta decepción tanto del “joven maravilla”, Anaya, como del “hombre preparado”, Meade.

El abanderado de Todos por México no ha logrado levantar en las preferencias de los electores. Su campaña del miedo (“Elige, miedo o Meade”) es patética. Y muy en contra de lo que se pudo haber presupuestado desde el gobierno, los candidatos “independientes”, Margarita Zavala de Calderón, y Jaime Heliodoro Rodríguez Calderón, arrebatan votos potenciales en terrenos equivocados. ¿Error de cálculo?, sin duda; pues se dice que Rodríguez Calderón fue incluido en la baraja para bajarle votos a Andrés Manuel, y Margarita Zavala de Calderón para hacer lo propio con el del Frente. No ha sido así, la encuesta de Reforma señala que el candidato del oficialismo y Zavala permanecen en el fondo, aunque acompañados del des-gobernador con licencia de Nuevo León, Rodríguez Calderón.

El debate del próximo domingo estará caracterizado por una sóla fórmula: Todos Unidos Contra Andrés Manuel López Obrador (TUCAMLO). Pero hay más: se percibe que el abanderado de Morena no solamente tendrá que lidiar contra cuatro adversarios políticos, sino contra tres combatientes más, es decir, los moderadores del encuentro. Por un lado, Denise Maerker, representando los intereses de Televisa; enseguida, Sergio Sarmiento, haciendo lo propio con los de TV Azteca; y Azucena Uresti, emisaria del Grupo Milenio (… sí, ese que tiene como sello de prestigio al impresentable Carlos Marín, ¿recuerda usted la “entrevista” que seis personeros de Milenio hicieron a AMLO el pasado 21 de marzo?)

En una democracia que se respete, un debate consiste en un intercambio de ideas, propuestas, o visiones del mundo, entre individuos que divergen en mayor o menor medida en sus posturas; en la expectativa que, al final, se construyan acuerdos y planteen alternativas de solución a problemas que están mucho más allá de los intereses particulares de los debatientes. Supone, asimismo, que los puntos en discordia sean canalizados por rutas de civilidad para la búsqueda de soluciones en ulteriores etapas. En un ejercicio de contraste entre candidatos a la presidencia de un país, lo menos que se esperaría es que trasciendan la ambición personal y pongan por delante los intereses de la nación.

En nuestro país, sin embargo, a la luz de la manera como ha discurrido el proceso político-electoral, donde el supuesto garante de la democracia y la armonía social, el presidente Enrique Peña Nieto, ha utilizado cualquier resquicio del espacio público para denostar las argumentaciones y propuestas del candidato de Morena, la perspectiva es pesimista. Parece más bien que los dados están cargados, y que la orden es apuntar las armas contra López Obrador, y hacerlo a un lado; por las buenas o por las malas.

Presumo que no será, por tanto, un debate; sino una emboscada, una maquinación del régimen para dañar al puntero. Este domingo, reitero, AMLO no se contrasta con cuatro, sino con siete; y en la imagen de esos siete, contra un régimen que no quiere dejar el poder por las vías democráticas; que se aferra a él y en ese afán no le ha importado mandar al diablo las instituciones (basta con revisar el papel reciente de instancias como el INE, el TEPJF, la PGR, y la propia Presidencia de la República). La consigna de no dejarlo llegar, motivará que Meade, Anaya, Zavala, y Rodríguez, aunque también (pesa decirlo) Maerker, Sarmiento y Uresti, sumen esfuerzos y hagan lo que esté a su alcance para frenarlo. Contra eso se enfrenta Andrés Manuel.

Otro aspecto interesante que seguramente quedará dilucidado luego del “debate”, es el candidato que será apoyado finalmente por el régimen. ¿Meade o Anaya? Como algunos especialistas han comentado, ambos representan lo mismo; son parte de un sistema del que se han beneficiado sobradamente sin haberles importado el daño que ha hecho a la nación. El caso es que el grupo en el poder quiere viabilidad, y si no se puede con uno, será con otro.

La relación entre estos contendientes queda sellada por la historia de pactos y acuerdos al interior del así llamado PRIAN, cuando uno manejaba los hilos en el nivel más alto de alguna dependencia gubernamental y el otro controlaba los suyos en el Congreso y como presidente del PAN. Eran los tiempos de sonrisas y abrazos ente los socios del Pacto por México. Ahora, la relación no es buena por razones obvias; y va a empeorar porque al final uno de ellos va a retirarse de la contienda, y se verá obligado a sumar apoyos en favor del que quede “vivo”.

En una entrega anterior afirmé que Meade es favorito de uno de los grupos en el poder, el de Videgaray-Peña. Baste recordar que el destape del ex-titular de Hacienda fue anunciado por el aún secretario de relaciones exteriores, el 22 de noviembre pasado, quien con regocijo aseveró que el sucesor de “su jefe” Peña sería su amigo Pepe, e hizo apología de la “trayectoria impecable”, el “patriotismo”, la “inteligencia”, y la “integridad”, del buen Pepe.

Por su parte, el candidato frentista tiene otro padrino del mismo círculo, aunque seguramente de un calibre mucho, pero mucho, mayor: Carlos Salinas de Gortari. Por esas coincidencias de la vida y la política a la mexicana, sirve recordar que Ricardo es primo de José Antonio González Anaya, hoy Secretario de Hacienda. Y que si bien este último es amigo de Videgaray también es concuño de Carlos Salinas de Gortari; ni más ni menos. Nadie puede llamarse sorprendido si se le dice que el señor Salinas juega a ganar siempre; por ello, no es ingenuo pensar que haya decidido apoyar a Ricardo Anaya al ver que el plan “A” no es garantía de triunfo. Sí, aunque usted no lo crea, Salinas está muy vivo, y sigue siendo el jefe auténtico del grupo en el poder. Si de esto último hay dudas, remito el lector a las crónicas sobre la fiesta para celebrar el cumpleaños número 70 del señor Salinas, a la cual asistieron los “notables” que desde hace décadas desgobiernan la nación.

En cualquier caso, sea quien sea, todo quedaría en familia. Todos, incluida la candidata Margarita Zavala de Calderón y el des-gobernador con licencia, Jaime Rodríguez, antes priísta, hoy “independiente”, son gente del régimen.

Sirve apuntar que, en un lance de desesperación, el coordinador de campaña de Ricardo Anaya, Jorge Castañeda (conocido no por su calidad académica o su altura política, sino porque durante su gestión como Secretario de Relaciones Exteriores durante el gobierno de Vicente Fox, se puso a jugar a “las escondidas” en el mausoleo donde se hallan los guerreros de terracota, durante visita de Estado a la República de China), insinuó la posibilidad de convocar al PRI a una “mega-alianza” para derrotar a López Obrador. ¡Vaya! Como si los auténticos panistas estuvieran dispuestos a votar por el “hombre preparado”, o los auténticos priístas aceptaran votar por el “joven maravilla”, sólo por el hecho que en la cúpula quieren mantener los privilegios a toda costa. Es repudiable que, arriba, piensen que las bases están conformadas solamente por títeres utilizables y desechables.

No creo que este 1er. encuentro modifique la intención del voto de quienes hoy se pronuncian por AMLO, que cada vez son más. Queda por ver lo que pase en las demás trincheras. Aunque aquí hay que lanzar una alerta: los medios orgánicos pretenderán inflar las “intenciones de voto” en favor del personaje que les sea indicado desde las alturas. Para eso les pagan.

El ambiente seguirá cargado de dimes y diretes, lo cierto es que falta menos para conocer la verdadera encuesta, esa donde se espera que opine la mayoría de ciudadanos: la elección del 1 de julio.

 

Fuente de imagen: altonivel.com.mx
Twitter: @RicSantes Fecha de publicación en otros medios:

Plumas Libres, 20-abr-2018

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