AMLO, la carta a Trump, y el statu quo

 

En cuanto a lo político, me anima el hecho de que ambos sabemos cumplir lo que decimos y hemos enfrentado la adversidad con éxito. Conseguimos poner a nuestros votantes y ciudadanos al centro y desplazar al establishment o régimen predominante. Todo está dispuesto para iniciar una nueva etapa en la relación de nuestras sociedades, sobre la base de la cooperación y la prosperidad. Hagámoslo. Le mando un abrazo afectuoso.

(Andrés Manuel López Obrador, parte final de la carta enviada a Donald Trump. 12 de julio de 2018)

Los resultados de la elección del domingo 1o. de julio marcaron un antes y un después en la vida de México. El voto masivo en favor de Andrés Manuel López Obrador y los candidatos de la coalición Juntos Haremos Historia produjo una fragmentación del grupo en el poder, e hizo trastabillar un statu quo, caracterizado por una cotidianidad de privilegios para unos cuantos, y desigualdad y penuria para los más. En el régimen, no hubo capacidad para contener una ciudadanía que, de manera inusitada, se pronunció por un cambio. Sucedió (sucede) una sacudida sin precedentes, que incluye, por supuesto, el adiós al PRI y otros partidos tradicionales, por razón de sus pésimos desempeños como gobiernos.

En días previos a la elección, el titular del Instituto Nacional Electoral (INE), Lorenzo Córdova Vianello, advertía sobre la posibilidad de una “elección cerrada”. Sin embargo, fue tanto el sufragio en favor del partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) que Córdova no tuvo otra alternativa que anunciar la realidad a la luz del Programa de Resultados Electorales Preliminares: una clara e irreversible tendencia en favor de AMLO y los candidatos de su coalición. Por su parte, el candidato oficialista, José Antonio Meade Kuribreña, en un lance bien recibido, reconoció el resultado. Así procedió también el presidente Enrique Peña Nieto, y más tarde Ricardo Anaya Cortés, candidato del PAN y adláteres. De esta manera, una alternativa política que cumple apenas cuatro años de existencia, gobernará la mayoría del territorio nacional a partir del 1o. de diciembre.

Con todo, el arribo de López Obrador a la presidencia no parece algo que haya quedado resuelto por la vía de las urnas, tal como se esperaría de cualquier democracia. Ni siquiera por el saludo presidencial a su triunfo, y las felicitaciones recibidas de jefes de Estado y líderes mundiales.

No.

En el lapso de poco más de veinte días transcurridos desde ese memorable domingo de julio, van develándose síntomas de una ridícula reticencia de las instituciones que apuntalan al régimen, a permitir una transición sin mácula ni sobresaltos. Una muestra es la multa de 197 millones de pesos aplicada por el INE a Morena, por supuestos manejos inadecuados/ilegales del fideicomiso “Por los demás”, en pro de los damnificados del sismo del 19 de septiembre del año pasado. El afectado alega haber actuado dentro de la legalidad, y ha impugnado la sanción ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Se está a espera de la resolución. En cualquier caso, la duda sobre la honestidad de Morena, que es inherente a la del próximo presidente, ha sido puesta en la mesa por las instituciones del Estado.

Si a lo anterior adicionamos un nuevo endeudamiento del peñanietismo, a menos de cinco meses de dejar el poder, a sabiendas que será el sucesor quien cargue con la responsabilidad, la perspectiva de futuro no se enmarca en un escenario de comodidad.

Pero no sólo eso: se percibe en el ambiente una renovada crítica a todo lo que huela a lopezobradorismo por parte de medios y plumas que medran en el oficialismo chayotero. Sin ser al menos Presidente Electo, a López Obrador se exige lo que a Peña Nieto se tolera. Así de simple.

Andrés Manuel y su equipo siguen trabajando. Sus detractores también.

Luego de darse a conocer la misiva que el futuro mandatario dirigió a Donald Trump, los sesudos “analistas” tuvieron otro asidero: condenar el intercambio epistolar, y la presunta coincidencia respecto al pernicioso statu quo. Porque, ¿cómo es posible que el morenista no se dé cuenta que el último párrafo de la carta es un balde de agua fría para los miembros del partido Demócrata, a quienes Trump denominó establishment durante su campaña?

Otro cuestionamiento (con el que se podría coincidir) es: ¿por qué ventilar en la misiva aspectos que corresponden a nuestra vida interna? Por mi parte, prefiero conceder que existen buenas razones para exponer lo que ahí se manifiesta. La nueva institución presidencial llega tan legitimada que, en bien del país, merece confianza y respaldo.

El tono de beneplácito con que el presidente estadounidense recibió la noticia del triunfo de Andrés Manuel, la visita de emisarios de primer nivel para entrevistarse con él y su futuro gabinete, así como la mencionada carta, hacen presumir que el gobierno de Peña Nieto dejó de ser del agrado del vecino al norte… si es que alguna vez lo fue. Por eso, el grupo en el poder y sus bufones orgánicos están que echan chispas. Nada de lo que planearon (como su agorero esquema de choque de trenes AMLO-Trump) ha sucedido. Más bien, todo lo contrario.

Para quienes mantenemos otra opinión, el mensaje es que las relaciones entre ambos gobiernos mejorarán en un clima de paridad. Como afirma AMLO, tanto él como Trump saben cumplir lo que dicen (aunque los estilos no gusten) y han enfrentado la adversidad con éxito. Sólo falta que acuerden las formas y los fondos, “sobre la base de la cooperación y la prosperidad”, para dar inicio a una “nueva etapa en la relación de [ambas] sociedades”.

Andrés sabe que Donald sabe que lo mejor es llevar la fiesta en paz. Aún más: si en una relación tan asimétrica se logra un diálogo tú a tú, la parte débil será ganadora.

México expresó su voluntad en las urnas. Treinta millones de votantes están con López Obrador. En tal sentido, aunque el establishment se niegue a ser actor de una transición tersa, y recurra a todo tipo de componendas para obstaculizar el propósito de dignificar la vida nacional, el cambio se dará. Por ello, debe sopesar su proceder con mayor altura de miras y actuar en consecuencia. No hay de otra.

 

Fuente de imagen: Nacion321.com
Twitter: @RicSantes Fecha de publicación en otros medios:

Plumas Libres, 24-jul-2018

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